Programa de lectura y escritura académicas en la UN-Sede Palmira
Esté espacio pretende mantener una comunicación con cada uno de los integrantes de la Sede Palmira que pertenecen al programa, para divulgar materiales que contribuyan al trabajo compartido en pro de la lectura y la escritura académica.
sábado, 25 de abril de 2015
miércoles, 25 de marzo de 2015
domingo, 8 de marzo de 2015
Ejemplo de análisis de ensayo crítico
Organización
interna
|
PARA UN LENGUAJE
SOLIDARIO
|
Función
de los párrafos
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Se ha dicho que el lenguaje es un
reflejo de sistemas de pensamiento colectivo, de cómo piensa, siente y actúa
una sociedad. Así, el lenguaje nunca es imparcial; con él
siempre transmitimos, aunque inconscientemente, una determinada ideología que
muchos, la mayoría, rechazamos en teoría pero que en la pequeña práctica
cotidiana fomentamos.
Observamos, por ejemplo, que cuando se
tiene que utilizar una fórmula
para referirse a individuos de ambos sexos la balanza siempre se
inclina hacia la variante masculina: hablamos de “profesores”, “directores”
para aludir a profesores y profesoras, directores y directoras. Curiosamente,
podemos notar que cuando se diferencian los géneros de ciertas palabras es
para otorgar connotaciones bien distintas: no es lo mismo hablar de una
“mujer pública” que de un “hombre público”. Y podríamos comentar muchos más
casos como este.
Por otra parte, la mayoría de libros de texto que
encontramos en el mercado envían mensajes sexistas escondidos detrás de
redacciones normales o ilustraciones gráficas: nunca encontramos padres
haciendo los trabajos de casa ni madres ejecutivas.
Si analizamos frases hechas de uso muy frecuente,
notaremos que constantemente se citan a razas diferentes a la nuestra y
siempre de manera peyorativa. Las referencias a “negros” y “negras”,
“gitanos” y “gitanas”, “moros” y “moras”, van íntimamente relacionadas con la
explotación, la suciedad, la delincuencia y otras “cualidades” negativas como
si fueran las que mejor definieran a estos grupos: siempre trabajamos como
negros; nuestra suciedad nos acerca a la raza calé, cuando hablamos mal de
nosotros nos dejan en el libro de los negros; si alguna persona se ha
enriquecido en poco tiempo es un poco gitana; pasamos una vida de moros;
hacemos el indio, etc. Prostitutas y homosexuales, por aquello de que no son
“normales”, no corren mejor suerte.
En fin; y después de todo aún
pretenderemos que nuestros hijos e hijas sean respetuosos, solidarios y
tolerantes. Sin comentarios.
|
![]()
![]() |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
![]() |
![]() |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Tomado de: CASSANY, D.
1995. La cocina de la Escritura. Barcelona: Editorial Anagrama. pp. 79-81
PARA UN LENGUAJE SOLIDARIO
En estos últimos días,
hablar de discriminación, racismo y xenofobia es, desgraciadamente, una
obligación. Por todas partes se levantan voces indignadas ante el vergonzoso
espectáculo que los países “civilizados” de Europa damos en estos momentos. Y
es que las muestras de intolerancia e insolidaridad sublevan a cualquier
persona mínimamente sensata. Sin embargo, estos últimos acontecimientos no deberían
sorprender demasiado. Vivimos en un mundo desigual e injusto donde se potencian
actitudes conformistas, androcéntricas (el mundo se ve siempre desde una
perspectiva masculina) y etnocéntricas (hay unas razas superiores a las demás).
Y esto es así, aunque no nos guste tener que reconocerlo. Un ejemplo: si
observamos nuestro lenguaje nos daremos cuenta de que, de manera inconsciente,
pero no por ello más tolerable, despreciamos todo lo que consideramos
“diferente” y/o “inferior”.
Se ha dicho que el lenguaje
es un reflejo de sistemas de pensamiento colectivo, de cómo piensa, siente y
actúa una sociedad. Así, el lenguaje nunca es imparcial; con él siempre
transmitimos, aunque inconscientemente, una determinada ideología que muchos,
la mayoría, rechazamos en teoría pero que en la pequeña práctica cotidiana
fomentamos.
Observamos, por ejemplo,
que cuando se tiene que utilizar una fórmula para referirse a individuos de
ambos sexos la balanza siempre se inclina hacia la variante masculina: hablamos
de “profesores”, “directores” para aludir a profesores y profesoras, directores
y directoras. Curiosamente, podemos notar que cuando se diferencian los géneros
de ciertas palabras es para otorgar connotaciones bien distintas: no es lo
mismo hablar de una “mujer pública” que de un “hombre público”. Y podríamos
comentar muchos más casos como éste.
Por otra parte, la mayoría
de libros de texto que encontramos en el mercado envían mensajes sexistas
escondidos detrás de redacciones normales o ilustraciones gráficas: nunca encontramos
padres haciendo los trabajos de casa ni madres ejecutivas.
Si analizamos frases hechas
de uso muy frecuente, notaremos que constantemente se citan a razas diferentes
a la nuestra y siempre de manera peyorativa. Las referencias a “negros” y “negras”,
“gitanos” y “gitanas”, “moros” y “moras”, van íntimamente relacionadas con la
explotación, la suciedad, la delincuencia y otras “cualidades” negativas como
si fueran las que mejor definieran a estos grupos: siempre trabajamos como
negros; nuestra suciedad nos acerca a la raza calé, cuando hablamos mal de
nosotros nos dejan en el libro de los negros; si alguna persona se ha
enriquecido en poco tiempo es un poco gitana; pasamos una vida de moros;
hacemos el indio, etc. Prostitutas y homosexuales, por aquello de que no son
“normales”, no corren mejor suerte.
En fin; y después de todo
aún pretenderemos que nuestros hijos e hijas sean respetuosos, solidarios y
tolerantes. Sin comentarios.
Tomado de: CASSANY, D.
1995. La cocina de la Escritura. Barcelona: Editorial Anagrama. pp. 79-81
domingo, 22 de febrero de 2015
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)






