domingo, 8 de marzo de 2015

Ejemplo de análisis de ensayo crítico

Organización interna
PARA UN LENGUAJE SOLIDARIO
Función de los párrafos

Contexto situacional
 

desarrollo
 





Tesis más general
 

Concreción:
el ejemplo del lenguaje
 
Cuadro de texto: Frase temáticaCuadro de texto: Frase temáticaCuadro de texto: subtesis
En estos últimos días, hablar de discriminación, racismo y xenofobia es, desgraciadamente, una obligación. Por todas partes se levantan voces indignadas ante el vergonzoso espectáculo que los países “civilizados” de Europa damos en estos momentos. Y es que las muestras de intolerancia e insolidaridad sublevan a cualquier persona mínimamente sensata. Sin embargo, estos últimos acontecimientos no deberían sorprender demasiado. Vivimos en un mundo desigual e injusto donde se potencian actitudes conformistas, androcéntricas (el mundo se ve siempre desde una perspectiva masculina) y etnocéntricas (hay unas razas superiores a las demás). Y esto es así, aunque no nos guste tener que reconocerlo. Un ejemplo: si observamos nuestro lenguaje nos daremos cuenta de que, de manera inconsciente, pero no por ello más tolerable, despreciamos todo lo que consideramos “diferente” y/o “inferior”.

Se ha dicho que el lenguaje es un reflejo de sistemas de pensamiento colectivo, de cómo piensa, siente y actúa una sociedad. Así, el lenguaje nunca es imparcial; con él siempre transmitimos, aunque inconscientemente, una determinada ideología que muchos, la mayoría, rechazamos en teoría pero que en la pequeña práctica cotidiana fomentamos.

Observamos, por ejemplo, que cuando se tiene que utilizar una fórmula para referirse a individuos de ambos sexos la balanza siempre se inclina hacia la variante masculina: hablamos de “profesores”, “directores” para aludir a profesores y profesoras, directores y directoras. Curiosamente, podemos notar que cuando se diferencian los géneros de ciertas palabras es para otorgar connotaciones bien distintas: no es lo mismo hablar de una “mujer pública” que de un “hombre público”. Y podríamos comentar muchos más casos como este.

Por otra parte, la mayoría de libros de texto que encontramos en el mercado envían mensajes sexistas escondidos detrás de redacciones normales o ilustraciones gráficas: nunca encontramos padres haciendo los trabajos de casa ni madres ejecutivas.

Si analizamos frases hechas de uso muy frecuente, notaremos que constantemente se citan a razas diferentes a la nuestra y siempre de manera peyorativa. Las referencias a “negros” y “negras”, “gitanos” y “gitanas”, “moros” y “moras”, van íntimamente relacionadas con la explotación, la suciedad, la delincuencia y otras “cualidades” negativas como si fueran las que mejor definieran a estos grupos: siempre trabajamos como negros; nuestra suciedad nos acerca a la raza calé, cuando hablamos mal de nosotros nos dejan en el libro de los negros; si alguna persona se ha enriquecido en poco tiempo es un poco gitana; pasamos una vida de moros; hacemos el indio, etc. Prostitutas y homosexuales, por aquello de que no son “normales”, no corren mejor suerte.

En fin; y después de todo aún pretenderemos que nuestros hijos e hijas sean respetuosos, solidarios y tolerantes. Sin comentarios.

1º PÁRRAFO:
7 oraciones
 
Cuadro de texto: INTRODUCCIÓN GENERAL:
desigualdad
insolidaridad     actuales

2º PÁRRAFO:
4 oraciones
 

TESIS:
El lenguaje como reflejo
 

3º PÁRRAFO:
4 oraciones
 
Cuadro de texto: EJEMPLO: fórmulas femeninas y masculinas

Ejemplo
 

Ejemplo
 
Cuadro de texto: Frase temática















Cuadro de texto: Frase temática

Ejemplo
 

Ejemplos
 
Cuadro de texto: Tesis que enlaza con el inicio
               Cierre










 


5º PÁRRAFO:
9 frases
 

6º PÁRRAFO:
2 oraciones

CONCLUSIÓN
 
Cuadro de texto: EJEMPLO: 
frases hechas

Tomado de: CASSANY, D. 1995.  La cocina de la Escritura. Barcelona: Editorial Anagrama. pp. 79-81
PARA UN LENGUAJE SOLIDARIO

En estos últimos días, hablar de discriminación, racismo y xenofobia es, desgraciadamente, una obligación. Por todas partes se levantan voces indignadas ante el vergonzoso espectáculo que los países “civilizados” de Europa damos en estos momentos. Y es que las muestras de intolerancia e insolidaridad sublevan a cualquier persona mínimamente sensata. Sin embargo, estos últimos acontecimientos no deberían sorprender demasiado. Vivimos en un mundo desigual e injusto donde se potencian actitudes conformistas, androcéntricas (el mundo se ve siempre desde una perspectiva masculina) y etnocéntricas (hay unas razas superiores a las demás). Y esto es así, aunque no nos guste tener que reconocerlo. Un ejemplo: si observamos nuestro lenguaje nos daremos cuenta de que, de manera inconsciente, pero no por ello más tolerable, despreciamos todo lo que consideramos “diferente” y/o “inferior”.

Se ha dicho que el lenguaje es un reflejo de sistemas de pensamiento colectivo, de cómo piensa, siente y actúa una sociedad. Así, el lenguaje nunca es imparcial; con él siempre transmitimos, aunque inconscientemente, una determinada ideología que muchos, la mayoría, rechazamos en teoría pero que en la pequeña práctica cotidiana fomentamos.

Observamos, por ejemplo, que cuando se tiene que utilizar una fórmula para referirse a individuos de ambos sexos la balanza siempre se inclina hacia la variante masculina: hablamos de “profesores”, “directores” para aludir a profesores y profesoras, directores y directoras. Curiosamente, podemos notar que cuando se diferencian los géneros de ciertas palabras es para otorgar connotaciones bien distintas: no es lo mismo hablar de una “mujer pública” que de un “hombre público”. Y podríamos comentar muchos más casos como éste.

Por otra parte, la mayoría de libros de texto que encontramos en el mercado envían mensajes sexistas escondidos detrás de redacciones normales o ilustraciones gráficas: nunca encontramos padres haciendo los trabajos de casa ni madres ejecutivas.

Si analizamos frases hechas de uso muy frecuente, notaremos que constantemente se citan a razas diferentes a la nuestra y siempre de manera peyorativa. Las referencias a “negros” y “negras”, “gitanos” y “gitanas”, “moros” y “moras”, van íntimamente relacionadas con la explotación, la suciedad, la delincuencia y otras “cualidades” negativas como si fueran las que mejor definieran a estos grupos: siempre trabajamos como negros; nuestra suciedad nos acerca a la raza calé, cuando hablamos mal de nosotros nos dejan en el libro de los negros; si alguna persona se ha enriquecido en poco tiempo es un poco gitana; pasamos una vida de moros; hacemos el indio, etc. Prostitutas y homosexuales, por aquello de que no son “normales”, no corren mejor suerte.

En fin; y después de todo aún pretenderemos que nuestros hijos e hijas sean respetuosos, solidarios y tolerantes. Sin comentarios.


Tomado de: CASSANY, D. 1995.  La cocina de la Escritura. Barcelona: Editorial Anagrama. pp. 79-81

Ayudas didácticas del uso del español formal en textos académicos